El Horario Espiritual (Parte 1)
El ritmo de vida que hoy llevamos es extraordinariamente acelerado. Continuamente nos quejamos de falta de tiempo; sufrimos el acoso de una cantidad de tareas que no alcanzamos a realizar y la presión del trabajo/estudio en el cual cada día se nos exige más y más. No es raro entonces que el stress se apodere de nosotros. Nos dispersamos interiormente en el afán de solucionar las cosas urgentes y dejamos de lado, o para más tarde, las cosas importantes.
El resultado es que perdemos el norte, llevamos una vida dispersa y nuestros vínculos personales pasan a pérdida. Terminamos literalmente succionados por el ambiente materialista que nos rodea.
Esto explica en gran parte por qué el cultivo de nuestra vida espiritual es relegado a segundo o tercer plano. Como no es “tan urgente” y “no tenemos tiempo”, vamos dejando de lado las prácticas espirituales y así, poco a poco, casi sin darnos cuenta, se enfría nuestra vida de fe; ya no sentimos el impulso apostólico que sentíamos antes; dejamos de asistir a Misa y ya ni siquiera recordamos cuándo fue la última vez que nos confesamos. Y, lo que es peor, se apodera de nuestra alma una enfermedad difícil de curar: la mediocridad o tibieza espiritual.
Tal vez comprendamos mejor, en este contexto, por qué Schoenstatt da tanta importancia a los medios ascéticos y, particularmente, al horario espiritual.
El horario espiritual es un medio de autoformación que se orienta precisamente a que podamos llevar una vida más armónica y “orgánica”, que nos asegure contar con el alimento necesario para no caer en el raquitismo espiritual.
El término “horario espiritual” podría inducir a error respecto a su contenido, ya que no se trata de un “horario” en el sentido común de la palabra, pues no determina los acto que se suceden hora a hora durante el día; ni es tampoco “espiritual” en cuanto no se refiere sólo a prácticas religiosas. Es espiritual en el sentido que asegura el desarrollo en nosotros del “hombre espiritual”, es decir, guiado por el Espíritu Santo.
(Tomado del libro “Somos historia por hacer” P. Rafael Fernández)
(Parte 2)
Toda persona, para desarrollarse y conservar su salud y energía físicas, necesariamente debe alimentarse tomando sus comidas en determinadas horas del día. Ahora bien, nuestro hombre interior también necesita alimentarse. Si no
lo hace, pronto se debilitará y quedará expuesto a todo tipo de contagios.
Por el Horario Espiritual nos aseguramos el alimento necesario, de modo que podamos fortalecernos de día en día y seamos capaces de resistir los embates de las fuerzas que nos apartan del contacto con el Dios vivo y que nos dispersan interiormente.
Por el Horario Espiritual aseguramos el desarrollo de nuestra personalidad en sus dimensiones básicas:
- nuestra relación con Dios
- nuestra relación con el prójimo
- nuestra relación con el trabajo
- nuestra relación con nosotros mismos
Rescatamos de este modo, el día de trabajo para Dios y nos ponemos en el camino de un crecimiento armónico de la personalidad.
Algunos puntos concretos que te pueden servir para tu Horario Espiritual:
1) Oración de la mañana
2) Oración de la noche
3) Rosario
4) Misa durante la semana
5) Deporte
6) Horas de estudio
7) Ordenar el cuarto: hacer la cama, limpiar el escritorio
8) Levantarse apenas suena el despertador
9) No hablar mal a espaldas de los demás
10) No utilizar Internet (mails, Chat, navegar) después de las doce de la noche.





